¡Arreglemos el bug!

Si has aterrizado aquí es, seguramente, porque los asuntos del lenguaje te interesan. O quizá hayas llegado en busca de errores de programación que solventar. Puede que solo sea la curiosidad (siempre venturosa, aunque se haya ganado la fama de ser una gaticida) la que haya orientado tus pasos en esta dirección. Sea como fuere, ¡bienvenido a sp debuggers! ¿Qué diablos es esto? Trataremos de explicarlo brevemente para no aburrir demasiado con tecnicismos.

Si acostumbras a beber de los manantiales de sabiduría que desbordan Internet cada día, habrá llegado hace poco a tus oídos la noticia de que existe un bug en el español, esto es, una palabra que se puede pronunciar pero no se puede escribir. La propia Real Academia Española admitió tal imposibilidad de nuestra lengua, en respuesta al usuario que en su día lanzó esta pregunta, Brais, a través del blog Un Arácnido Una Camiseta (aquí el post que dio origen al asunto). ¿Cuál es la cuestión?

Todos conocemos la expresión “salir al paso de alguien”, que significa interceptar a alguien en su camino. Al construir la forma de imperativo de este verbo en segunda persona de singular, el resultado es… ¡Ups! Efectivamente, es algo que no se puede escribir. Si siguiéramos las normas ortográficas del español, la forma correcta sería “salle“, pero esas mismas normas ortográficas nos dicen que eso ha de pronunciarse [‘saʝe] (“saye”) o [‘saλe] (“salle”), según tu variedad de español.

Así que, aunque el español admite la geminación de la consonante lateral [l] en estructuras como “el lunes” o “ramal lateral limitado”, en interior de palabra el problema parece más que evidente.

La respuesta de la Academia fue una derrota, pero los hablantes hemos demostrado siempre que somos capaces de salir victoriosos de situaciones como esta. Así que aquí estás. Has llegado aquí por a saber qué razones, que son tuyas y de nadie más, y resulta que eres el juez perfecto para dirimir este asunto. ¿Por qué tú? Porque hablas. Porque usas la lengua, el español, que es tan tuyo como mío, como de todo el mundo. Así que da igual que seas académico, matemático, portero, actriz, escritora, frutero o superhéroe. El lenguaje te pertenece. La respuesta a este problema la tienes tú.

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